GAU HUMARI MATA HAIN (LA VACA ES NUESTRA MADRE)

Según una tradición milenaria hindú, las vacas representan a la Madre Tierra, símbolo de la vida, la fecundidad y la maternidad. Nos alimenta aunque no seamos sus crías.
Se conoce como la llamna Kámadenu “la que cumple con todos tus deseos”, sagrada por su generosidad y abundancia. La nodriza de todos los seres humanos.

Se dice que en la India las vacas son sagradas. Por eso, desde otros países y culturas se tiene la idea de que estos animales viven mejor que los seres humanos y que nadie puede hacerles daño.
Pero, ¿cómo son realmente las vidas de estos animales?
¿Es cierto que se les respeta como mucha gente cree?

Cuando acudimos a los datos nos encontramos con que la India es uno de los mayores exportadores de carne de vacuno y uno de los principales productores de leche del mundo. Esta industria utiliza para la obtención de este producto a vacas y a búfalas.

¿Qué está ocurriendo realmente entonces? ¿Se puede considerar a un animal “sagrado” y, al mismo tiempo, explotarlo para el propio beneficio? ¿O es acaso una contradicción?

Nayan Agarwal, activista por los animales en la India, nos ha ayudado a conocer de primera mano la verdadera situación de las vacas en ese país. Además, ha compartido con Animals’ View su visión personal sobre esta realidad:

FORMAS DE DOMINACIÓN QUE SE VUELVEN INVISIBLES

Los animales utilizados en la industria láctea india sufren terribles injusticias, desde su nacimiento hasta su muerte. Vacas y búfalas soportan una larga vida de tortura para que los humanos extraigan leche de sus ubres, bombeando hasta la última gota.

Lo que idealmente estaba destinado al ternero se les arrebata para el consumo humano.

Al igual que cualquier otro mamífero, las vacas generan leche, un alimento que aportará a sus hijos los nutrientes que estos necesitan. Si el bebé está enfermo es habitual descartarlo y abandonarlo en las calles; si muere, en ocasiones se pone en práctica lo que se conoce como “khalbacha”. Esto consiste en la fabricación de una especie de muñeco con forma de ternero al que se le añade algún trozo de piel del hijo muerto y se coloca junto a la madre. De esta forma la vaca piensa que su hijo sigue cerca y se mantendrá más tranquila.

La industria láctea de la India es un sector complejo y polifacético que engloba grandes explotaciones fuera de las ciudades y pequeñas lecherías de carácter familiar en pueblos y ciudades más pequeñas.

Esta industria utiliza tanto vacas como búfalas para la producción de leche. Sin embargo, las búfalas son más comunes que las vacas. Una de las razones podría ser que, en general, se considera que las búfalas son más productivas en cuanto al rendimiento lechero. Además de esto ocurre que, en algunos casos, las vacas se consideran sagradas en la cultura india y no pueden sacrificarse. Sin embargo, la situación legal de la matanza de vacas para carne varía según los estados indios: algunos tienen prohibiciones reales contra la carne de vacuno, mientras que otros no.

Una vez que las vacas dejan de ser productivas, serán abandonadas en las calles donde tienen que rebuscar comida entre lo que les da la gente o en la basura. En estas condiciones, muchas de ellas tienen hijos que no conocerán otra cosa que la vida de abandono en las calles. Algunas sufren accidentes en las carreteras sin que haya ningún organismo gubernamental que las ayude o que les dé refugio. Cuando se les pregunta, muchos granjeros afirman que cuidan de las vacas cuando ya no son productivas, pero en la mayoría de los casos son abandonadas.

Las búfalas, por su parte, serán enviadas al matadero. Es importante señalar que la India es el mayor exportador de carne de vacuno y la industria láctea contribuye a este aspecto. El factor económico de maximizar los beneficios acaba inexorablemente con la muerte o el abandono de estos animales cuando son improductivos.

El trato y las condiciones de vida de las vacas y las búfalas varían según el tamaño de la explotación. Los propietarios de granjas pequeñas suelen dejar que los animales vaguen por los alrededores, mientras que las granjas más grandes y con altas exigencias de producción suelen mantenerlas atadas con pequeñas cuerdas o cadenas durante toda su vida productiva.

No podemos olvidar que en la industria láctea los terneros macho no son de mucha utilidad, tanto los de las vacas como los de las búfalas. Algunos mueren por desnutrición, otros son enviados al matadero o abandonados en las calles.

En cuanto a la exportación de vacas de raza india para el sacrificio, en general está prohibida por ley en la India. Sin embargo, se dan casos de contrabando ilegal.
Existen unos refugios, únicamente para vacas y no para búfalas, denominados gaushalas; Pero su funcionamiento está bajo vigilancia, ya que existe preocupación sobre aspectos financieros y negocios ocultos asociados a estos lugares.

El especismo es la causa por la que los seres humanos se consideran superiores a otros animales. El ejemplo más evidente está en cómo consideramos a los demás animales de nuestra sociedad con un estatus de "propiedad", al mismo tiempo que nos beneficiamos de ellos. Como resultado, construimos un discurso con el que justificamos lo que hacemos a otros animales, siempre que no les cause un sufrimiento “innecesario” y se tenga en cuenta su supuesto bienestar.

Hay formas de opresión y dominación, escribió Michel Foucault, que se vuelven invisibles: la nueva normalidad. ¿Hemos normalizado hoy la opresión? ¿Somos siquiera conscientes de ella?

El lenguaje también puede reclamarse, redefinirse y utilizarse para la liberación. Los animales no humanos sufren los efectos devastadores del lenguaje especista. Cuando nos referimos a ellos como "eso" o "algo" se borra su identidad como "alguien". Mercantilizamos sus cuerpos y fomentamos la idea de que son "recursos para la explotación". Cuando diferenciamos entre "animales" y “personas” mantenemos la idea de que deben recibir un trato diferenciado en el que los humanos son superiores. Esto también pone de manifiesto una analogía dualista del lenguaje que exacerba aún más las diferencias.

Nuestras leyes normalizan y legitiman "grados de explotación" para determinados animales, como los considerados de granja. Vemos, por ejemplo, la formulación de normas sobre mataderos en algunos estados de la India, que supuestamente protegen a las vacas del sacrificio pero, por otro lado, siguen manteniendo su estatus productivo como "vacas de alto rendimiento lechero". La medida suscitó en su día varias polémicas, pero ninguna de ellas se centraba ni por asomo en la situación de los animales no humanos en nuestra sociedad. El prisma a través del cual se ha desarrollado el debate sobre el proteccionismo de las vacas sólo ha servido de apoyo a la venganza política y religiosa y ha dado lugar a un planteamiento antropocéntrico y de castas en el que se ha atacado deliberadamente a personas de determinados sectores, como los dalits y los musulmanes. Todo el debate no sólo fue una burla de los derechos humanos y, en concreto, hacia estas dos comunidades, sino que se "utilizó" a los animales para apuntalar la agenda humana, precisamente una agenda del mayoritarismo de las castas superiores.

El sistema judicial y las legislaciones centradas en el bienestar animal son plurales a la hora de reconocer los derechos de los animales, pero no dejan de defender su "estatus de propiedad". Esta idea de propiedad y titularidad refleja también cómo el especismo está tan presente en el marco de las legislaciones en la India como en cualquier otro lugar del mundo.

Por eso, aunque se afirme que “las vacas viven mejor que las personas”, debemos reconsiderar si esto es realmente cierto si tenemos en cuenta que la mayoría de la población india ve a los animales como las vacas desde una perspectiva utilitarista y mercantiliza sus cuerpos al igual que ocurre en la práctica totalidad de la sociedades donde viva quienquiera que esté leyendo este texto.

Trabajo realizado por Animals' View. Con Xiana Castro, Eira Do Val, Nayan Agarwal y voz de Avantika Mathur.

En colaboración con Animal Save India.

Publicado en febrero del 2024

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