LA PROPAGANDA DEL BIENESTAR ANIMAL:
RESTRAINER Y OTRAS HERRAMIENTAS PARA EXPLOTAR

En la propaganda de la industria cárnica no se muestran todas las fases de la producción.

Su publicidad incluye granjas bucólicas, animales pastando al sol, agua fresca, comida limpia...Y, súbitamente, cambia a una escena donde se muestra el producto final. En ocasiones podemos ver partes de los animales ya procesadas en un espacio pulcro, pero poco más. Los spots televisivos no muestran los intentos de escapar de los animales, sus gritos, sus miradas ni sus espasmos cuando los electrocutan. No muestran la parte donde, muchas veces todavía conscientes, son acuchillados en la garganta hasta morir desangrados. No muestran la sangre ni el dolor. La publicidad no muestra lo que ocurre en los mataderos.

La industria cárnica (pero también la lechera, la del huevo o cualquier otra que se beneficia de enviar animales al matadero para su consumo) realiza un lapso intencionado de ese proceso industrial que, al mismo tiempo, es parte fundamental de su negocio. La deliberada omisión de las imágenes de mataderos responde al interés propagandístico de convencer a la sociedad de que sus productos no conllevan ningún perjuicio para los animales. No desean mostrar esta parte porque son conscientes de que es desagradable, violenta y porque, al fin y al cabo, pone de manifiesto que sin muerte no hay carne. 

 

En los últimos años, sin embargo, activistas por los derechos de los animales han conseguido acceder a los mataderos y publicar lo que en estos lugares ocurre, viralizando en muchas ocasiones las imágenes obtenidas

Entre los años 2016 y 2018, participé en una investigación junto a Aitor Garmendia llevada a cabo en catorce mataderos del estado español a partir de la cual se realizó un extenso informe, reportaje y trabajo fotográfico que tuvo un amplio impacto mediático. 

Fue en uno de estos mataderos que visitamos donde filmé el video que acompaña este artículo.

Las imágenes obtenidas a través de investigaciones -que prueban que el trato en los mataderos, además de ser intrínsecamente injusto, llega al sadismo, la vejación y la violencia extrema- han generado un cambio social al que las empresas de explotación animal han tenido que adaptarse. En los últimos años grandes corporaciones como Campofrío, Pascual, Lidl o Eroski han implementado en sus productos sellos de bienestar animal y han puesto en marcha campañas de marketing para hacer creer a las personas consumidoras que lo que se le hace a los animales es algo aceptable. Este lavado de imagen también ha llegado, por supuesto, a los mataderos.

Debido a la dificultad para conseguir filmar en Francia, España o Alemania, las activistas han tenido que utilizar cámaras ocultas para revelar cuál es la realidad de los mataderos. En las imágenes obtenidas se puede apreciar que, presionados muchas veces por el frenético ritmo al que deben realizar sus tareas, los matarifes se saltan las normativas, no aturden a los animales antes de acuchillarlos y desangrarlos, los empujan, los golpean, los lanzan y apalean o incluso saltan sobre ellos para obligarlos a moverse. 

La publicación de las imágenes de mataderos filmados de esta manera en el Estado español en un primer momento causaron revuelo e indignación, pero pasado un tiempo solo han generado cambios legislativos de poco calado. Un Real Decreto aprobado en 2022 obligará a instalar cámaras en todos los mataderos, pero solo los servicios gubernamentales de inspección podrán visionar las imágenes y estas se guardarán únicamente durante treinta días. Según señaló en 2022 el ministro de Consumo, Alberto Garzón, esto es “un sello de calidad” y la Federación Empresarial de Carnes e Industrias Cárnicas y la Asociación Interprofesional de Carne Avícola lo han aplaudido. Mientras, activistas por la defensa de los animales consideran que es entre insuficiente e inútil

Además de la aplicación de diferentes cambios obligados por ley (la mayoría por acuerdos provenientes de la Unión Europea) también se han implementado “mejoras” en la maquinaria de los mataderos. Estas medidas se anuncian como algo beneficioso para los animales, pero la realidad es que si no aumentaran los resultados económicos y la eficiencia productiva, es muy poco probable que la industria hubiera realizado esas inversiones.  En la normativa europea de 2009 lo explican así: “La mejora de la protección de los animales en el momento del sacrificio contribuye a mejorar la calidad de la carne y tiene un efecto positivo indirecto en la seguridad laboral en los mataderos”. En el caso del restrainer son estas cualidades las que se subrayan a la hora de promocionarlo.

El restrainer es una máquina que inmoviliza lateralmente a los cerdos, los levanta en el aire y los transporta al punto donde son aturdidos eléctricamente. Aunque los distribuidores de esta herramienta afirman que “es esencial para garantizar el bienestar animal”, los principales atributos para vender la máquina son los que afectan a la capacidad de matanza, producción, limpieza o comodidad de los trabajadores. La máquina simplifica la labor de electrocución, ya que los cerdos se resisten, chillan o se mueven menos cuando están inmovilizados en el restrainer que en un cubículo apelotonados a ras de suelo, como suele ser habitual.

 

Es bastante dudable que el restrainer, una máquina que facilita que un matadero pueda ejecutar hasta a cuatrocientos individuos por hora, pueda “garantizar el bienestar” de estos animales atrapados entre dos paredes de PVC y aluminio, rodeados de ruido, vapor, un ambiente hostil y viendo cómo a pocos metros otros cerdos son acuchillados, especialmente si analizamos la palabra bienestar. La RAE lo define como “vida holgada o abastecida de cuanto conduce a pasarlo bien y con tranquilidad”. Evidentemente esto difiere totalmente de la vida, por ejemplo, de un cerdo en la industria cárnica. Nacer entre excrementos, ser separado de su madre, hacinamiento, enfermedades y falta de cuidados, privación de luz solar o espacios abiertos y, por último, morir a los seis meses pudiendo vivir hasta los quince años es lo habitual para los cerdos y cerdas “propiedad” de la industria alimentaria. 

 

La anteriormente citada normativa europea relativa a la protección de los animales en el momento de la matanza señala que “la matanza puede provocar dolor, angustia, miedo u otras formas de sufrimiento a los animales, incluso en las mejores condiciones técnicas disponibles. Algunas operaciones conexas a la matanza pueden resultar estresantes y toda técnica de aturdimiento conlleva algunas desventajas. Los explotadores de empresas o cualquier persona implicada en la matanza de los animales deben adoptar las medidas necesarias para evitar el dolor y reducir al mínimo la angustia y el sufrimiento de los animales durante los procesos de sacrificio o matanza”. 

 

La única forma de reducir al mínimo la angustia y el sufrimiento de los animales durante los procesos de sacrificio es, precisamente, no sacrificando a los animales.

Trabajo realizado por Linas Korta.

Publicado en septiembre del 2023.

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