CIUDAD ESPECISTA- Montevideo, Uruguay

¿Qué es Ciudad Especista?

Es un proyecto que se propone investigar desde la fotografía las formas en que se manifiesta el especismo en los espacios públicos de la ciudad así como hacer un registro de las diversas prácticas y situaciones que forman parte de nuestro cotidiano y que naturalizamos. Me concentro particularmente en la ciudad de Montevideo, en Uruguay, que es donde vivo desde que nací y hasta ahora, pero también de apoco surgen otros recorridos. Actualmente el medio por el cual se difunde mi trabajo es la plataforma Instagram.

Me parece importante aclarar el término especista, porque tal vez no todes están familiarizades con él y es fundamental para la comprensión del proyecto y su finalidad. 

El especismo es un tipo de discriminación, en este caso por motivo de especie. Implica no considerar con derecho a la vida, a la libertad, a la capacidad de decisión propia a algunes animales.

Incluso entre especies animales hacemos diferencias, por ejemplo, perros, gatos y caballos cuentan con una consideración un tanto más amplia por parte de los humanos, aun-que también son víctimas de la violencia especista.

Pero otras especies, como por ejemplo las vacas, los cerdos, las gallinas, las ovejas, las ratas, entre otres, no corren con la misma consideración. Podríamos decir que hay jerarquías a la hora de considerar como sujetos de derecho a les demás animales. Y, ¿en relación a qué se dan estas asimetrías? A la relación que el ser humano tiene con esos animales.

Es el antropocentrismo lo que habilita la posibilidad de que exista el especismo. Perpetuamos la creencia de que les demás animales han nacido para servir al ser humano, quien de algún modo se considera superior y con el derecho a utilizarles como objetos, como propiedades que están en el mundo por y para él. No casualmente aquellos animales más cercanos afectivamente al ser humano son los que cuentan con mayor consideración por su parte.

La violencia especista es la violencia que ejercemos hacia les demás animales. Es la puesta en práctica del especismo. Podemos definirla siguiendo a Romina Kachanoski como el "vínculo de relación asimétrico y opresivo que ejercen los humanos hacia los de-más animales". Es un tipo de violencia social, como la violencia sexista, la violencia racista y la violencia homófoba. 

¿Cómo surge?

El proyecto surge a fines del año 2020. Hace ya un par de años que me dedico a la foto-grafía de manera independiente. Particularmente la fotografía de calle o callejera es un género que me interesa mucho; lo mismo podría decir del fotorreportaje y del género documental.

Pero cuando salía sin una finalidad específica a caminar por las calles, o también en mi día a día de camino al trabajo o haciendo los mandados en la feria del barrio, me empecé a dar cuenta de que mi mirada se concentraba mucho en estas formas naturalizadas en las que se expresa el especismo. Y como generalmente llevo el celular o la cámara siempre encima, comencé con esos registros un poco de manera espontánea.

Comencé entonces a ensayar esta nueva forma de mirar la ciudad, y en el proceso me di cuenta que de alguna manera no era tan nueva, porque desde que soy adolescente, cuando por primera vez tomé contacto con el antiespecismo -gracias justamente a un grupo que hacía difusión en la vía pública con volantes-, mi mirada hacia el mundo se modificó. Ya no fue la misma de antes. 

Empecé a cuestionarme lo que no estaba puesto en duda, !lo obvio”, que va desde lo más inmediato, como la forma de alimentarnos, hasta la relación que tenemos con les demás animales en cada momento de nuestras vidas y las formas de explotación y violencia que ejercemos y se ejercen sobre elles. Y cuando hacés ese cambio en la mirada, que no es solo una nueva forma de mirar sino también de sentir, de pensar y, en consecuencia de actuar, se modifica tu ser y estar en el mundo de manera radical. Así que desde ese momento siento la fuerte necesidad de hacer algo desde un lugar muy pequeño, probable-mente, pero igualmente necesario, que es la visibilización de la injusticia que representa la violencia especista naturalizada.

Otro punto importante fue un taller en el cual participé a mediados del año 2020 sobre urbanismo feminista dictado por el colectivo Habitadas, que es un colectivo de acá de Uruguay que busca problematizar, investigar y generar acciones positivas en relación a las formas de diseñar y habitar los territorios. 

Y en ese taller tomé contacto con ideas como que la planificación de los espacios públicos está diseñada desde y hacia una experiencia masculina, lo cual afecta a las mujeres y a otras identidades disidentes; y, sobre todo, que el espacio público no es neutral. Pongamos como ejemplo los baños públicos, las paradas de autobuses, la simpleza de caminar por la calle en la noche. Todo ello tiene distintas implicancias si se es mujer. Si al género además le sumamos otras variables como la etnicidad, la edad, la diversidad funcional, la clase social y la identidad sexual, entre otras, la cuestión se complejiza aún más.

Inmediatamente no pude evitar pensar en una variable que a mi entender faltaba, que es la variable especie, y que pasa con les animales no humanos que viven en la ciudad; cómo es nuestra convivencia con elles en este contexto territorial, con las dinámicas que se dan en la ciudad que son muy distintas a las del campo o al balneario; qué tipo de limitaciones y violencias ejercemos sobre sus cuerpos, sus conductas, sus libertades. 

Y en paralelo a todo esto, se da otro acontecimiento que considero fundamental en el desarrollo del proyecto y de mi propia experiencia como humana que se vincula con animales viviendo en la ciudad, que fue la circunstancia de estar conviviendo durante un tiempo con un perro y asumiendo su cuidado.

Esa convivencia significó la puesta en práctica de algo que teóricamente ya venía reflexionando acerca del mascotismo. Pasar de la idea de que un animal es una mascota -que es una palabra que en su origen etimológico hace referencia a talismán o amuleto, o sea un objeto-, del que además soy su !dueña” -o sea, que sería mi propiedad-, a entender que convivo con ese animal y que en todo caso es mi compañero, del cual soy responsable, pero no su propietaria. Todo esto me generó miles de contradicciones y cuestionamientos, muchos de los cuales sigo sin resolver.

Propósitos 

Uno de los objetivos del proyecto es hacer visible, cuestionar y replantearnos nuestras prácticas y vínculos con les demás animales en el contexto de la ciudad.

Al estar tan naturalizadas estas prácticas especistas, me parece necesario hacerlas explícitas como lo que son, violencias sobre los cuerpos y la persona de les demás animales. 

El perro atado a un poste, los animales a la venta en una veterinaria, las partes de los cuerpos de animales en exposición para nuestro consumo, las jaulas que mantienen cautivos a los pájaros, entre otras lógicas especistas que se nos han impuesto como costumbres, en nombre de lo normal, lo sano, lo productivo, lo rentable y otras verdades aparentemente incuestionables.

Cuestionarnos lo que nos han enseñado desde pequeñas, lo que está bien o mal, o lo que debe ser así por naturaleza me parece urgente.

Y estas violencias, si bien son históricas y hasta ancestrales, podría decir, están enmarcadas en un sistema patriarcal y capitalista, y esto para mí no es un detalle menor.

Esta creencia de que les otres son objetos o propiedades que están allí para nuestro con-sumo es una lógica que se emparenta con las lógicas capitalistas que atraviesan también vínculos y formas de afectarse con otres.

Y además lo cotidiano, que aparentemente es más pequeño o irrelevante, en algún punto es más accesible, más simple de transformar. La acción directa sobre la realidad cotidiana es algo que todas podemos hacer en mayor o menor medida. 

Proyecciones a futuro

Me gustaría expandir los horizontes del proyecto, algo que he comenzado a hacer lenta-mente. Incluyendo también preguntas que inviten a la reflexión y al intercambio, textos de referencia, conceptos filosóficos, investigar en otros espacios donde también hemos naturalizado el especismo, como por ejemplo en los juegos y juguetes. No me sorprendió encontrar juegos de celular que proponen a les niñes construir su propio zoológico, criar animales en una granja o asar un cadáver de pollo virtual.

El juego no es inocuo y nos debemos profundas reflexiones sobre el tipo de mensajes que se transmiten y qué se les enseña a les niñes cuando se siguen representando a les de-más animales como objetos que están a nuestro servicio, como seres sin voluntad que están ahí totalmente cosificados como mercancías para satisfacer nuestras necesidades. Y esto mismo se puede trasladar a otros lenguajes y registros como los libros, las películas, la música, etc. 

Florencia Castelar Figera @ciudadespecista

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